domingo, 6 de septiembre de 2015

UNA FIESTA DE DISFRACES


-Brais llegó al edificio en el que se celebraba la fiesta. Era un edificio enorme.
 “Aquí deben de entrar miles y miles de personas”, pensó, mientras buscaba otra puerta, y digo otra puerta, porque allí, justo en frente de él, había una, pero era tan pequeña en comparación con el edificio, que Brais daba por hecho que en algún sitio tenía que haber otra puerta más grande.
Miró y buscó, pero no encontró ninguna otra forma de entrar, así que se quitó de encima las últimas ganas de volverse a casa, y entró a la fiesta.

“¿Pero esto qué es? En la invitación no ponía nada de disfraces…”, se dijo Brais avergonzado, cuando vio que toda la gente que había en aquella fiesta llevaba el rostro tapado con antifaces de todo tipo, de diferentes tamaños y colores. Algunos incluso llevaban caretas y máscaras…
Pensó en la invitación que había recibido hacía cinco días, en la que solamente se le decía que estaba invitado a una fiesta en el edificio que había al final de la calle Bienvenido, que se esperaba su asistencia y que no se permitía llevar acompañante.
“No sé ni de quién es la fiesta ni quién me ha invitado…yo me voy ahora mismo a mi casa, no debería haber venido…”.
Pero justo cuando se dio la vuelta para abrir la puerta y marcharse, un camarero, (con antifaz por supuesto), le ofreció una copa de champagne, a la vez que le invitaba a integrarse en la fiesta.
La escena había cambiado de color. Estaba de nuevo mirando cara a cara a los invitados, con una copa en la mano y mucho más relajado, después de que le hubieran tratado con normalidad, a pesar de ir sin antifaz.

-¿Al final se queda en la fiesta a que sí?
-Que impaciente eres, déjame que te lo cuente y luego me preguntas todo lo que quieras.

Brais comenzó a andar entre la gente. Todos hablaban con todos. Se podía escuchar como explicaban cuáles eran sus trabajos, si tenían pareja, cuántos años tenían, que les gustaba…se contaban todo.
Sin quitarse el antifaz, sin saber quién era la otra persona en realidad.

A Brais le llamó la atención un hombre muy alto, con el pelo largo y con un antifaz color rojo, que llevaba puesto un traje color oro cuyo brillo te obligaba a fijarte en él.
– Soy Mario, tengo 32 años y trabajo en una empresa exportadora de vinos – decía el hombre con el traje de oro a una mujer con un vestido color verde muy ceñido a unas hermosas curvas.
“Tiene suerte de hablar con ella, pero es normal, debe ser un triunfador…”, pensó nuestro amigo.

Entonces algo le hizo dejar de andar. Allí había una chica, sería de su edad, que tampoco llevaba nada ocultando su rostro. Era hermosa, pelo rubio y liso…bueno, tampoco me voy a perder contando detalles de cómo era la chica con el rostro descubierto, simplemente era lo más lindo que había visto Brais en su vida.
Se lanzó a hablar con ella. Necesitaba saber todo sobre aquella maravillosa mujer.
Ambos empezaron a hablar. A conocerse. La mujer con el rostro descubierto tampoco sabía quién la había invitado, simplemente estaba allí, sin pedirlo, al igual que Brais.

La conversación se animaba por momentos, hasta que la bella compañera de Brais dijo:
-¿Escuchas al hombre que hay detrás de ti? Dice que se llama Jorge y que tiene una empresa de transporte. Antes he hablado con él y me ha dicho que se llama Kilian y que vende coches de lujo.
Que sorpresa se llevó Brais cuando miró al hombre y vio que era “Mario”, de 32 años, el hombre con el traje color oro.
Como si de magia se tratara, el traje de oro se transformó en unos vaqueros y una camisa de cuadros. Tampoco ya llevaba ningún antifaz de color rojo…
Extrañados por aquello, los nuevos amigos se comenzaron a preguntar qué estaba pasando allí.
“Vamos a escuchar las conversaciones de los invitados”, decidieron.

Y aquello era una gigantesca mentira. La misma persona contaba una historia diferente cada vez que cambiaba de compañero de conversación, y cuando Brais y su nueva amiga escuchaban la mentira, quedaban perplejos al comprobar que el antifaz, la máscara o la careta desaparecía. Como si fuera magia. A veces incluso la ropa cambiaba, como con el señor del traje de oro.

Sin entender aquello, pero con una necesidad increíble de comprender, continuaron escuchando. Continuaron descubriendo mentiras y conociendo rostros.

En un par de ocasiones, se encontraron con otros invitados, que al igual que ellos, iban sin ocultarse, y que tampoco entendían que estaba pasando allí.

¿Por qué aquellas personas se ocultaban y mentían con tanta facilidad?

Tras varias horas recorriendo el enorme edificio, eran ya muchas las mentiras descubiertas por el grupo de Brais, al que se habían sumado otras cinco personas.
Tantas mentiras, que ya cansados de escuchar aquello, y sin saber aún el porqué de esa forma de actuar tan extraña, Brais y sus nuevos amigos decidieron dejar de escuchar y se alejaron de toda aquella gente, para disfrutar de la música, de la bebida, de la compañía y olvidándose del resto de personas…

-¿Y ya está? ¿Así se acaba el cuento?
-Sí…así se acaba. ¿No te suena de nada? ¿No se te parece a nada?
-Pues no…abuelo, no se a que te refieres…
-Querido nieto, lo que te acabo de contar, es la vida, ni más ni menos…
-¿La vida? ¿Cómo va a ser eso la vida?
-Muy simple: la fiesta es la vida, a la que no sabes quién te ha invitado y a la que no has pedido que te inviten, pero a la que vas, en la que entras y en la que te quedas, a pesar de las dudas que te surgen y de las ganas que te entran a veces de darte la vuelta y salir.
Los invitados son las personas que te rodearán en tu vida; aparentando, mintiendo,… Hablarás con muchos, pero en realidad, no sabrás quién es la persona con la que estás hablando, el antifaz no te dejará verlo con claridad. Solo tendrás que confiar en que lo que te están diciendo y lo que te dejan ver es verdad.
-Pero Brais no llevaba antifaz, ¿por qué?
-Porque así es como debes ser tú. Debes caminar en la vida sin antifaz, siendo quien eres, sin engañar a nadie. Tarde o temprano, darás con otras personas que serán como tú, sinceros, honestos, que irán sin antifaz. Tu objetivo debe ser ese: encontrarles, rodearte de esas personas, y después disfrutar con ellos de la fiesta. Disfrutar con ellos de la vida.
-Y con los que llevan antifaz o máscaras, ¿qué hago?
-Haz como Brais, conoce a la gente. Escucha lo que tienen que decirte. Observa. Y verás como con cada mentira, cada engaño, cada traición, los antifaces, los trajes y vestidos de lujo van dando paso a las caras descubiertas y a la ropa normal. Se irán descubriendo ellos solos, sin querer, y si eres listo y haces lo que te acabo de decir, no tardarás en ver que pronto desaparece el antifaz. Como en la historia, como si fuera magia. Y entonces podrás ver con quién estás hablando realmente, y después decidir quién quieres que esté a tu lado, y quién no.

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